Etiquetas

, ,

221-evacuacionSencillos, humanistas, familiares y generosos son los cubanos, que no vacilan en compartir lo poco que tienen, abrir no solo la casa, sino los brazos y el corazón para proteger a quienes poseen menos y temen aún más por el paso de un evento meteorológico.

En Cuba huracán es temor, peligro, amenaza, aseguramientos a garantizar rápido, acondicionar bien el hogar, centros laborales, instituciones, establecimientos y todo por doquier, porque la población de este país tropical, afectado además por crisis económicas, conoce el sabor de las pérdidas, devastación y se duele con la más mínima pérdida.

El peligroso Matthew desafía incluso el origen hebreo de su nombre, porque es un extraño Regalo de Dios.

Evacuarse en Cuba significa estar seguro en un centro diseñado con todas las condiciones para la alimentación, el descanso, servicios médicos, comunicación y la confianza de la seguridad; mientras en el barrio, hasta el más recóndito, es altruismo, porque estará segura y es desinteresada la coladita de café del vecino generoso, la conversación agradable, y sobre todo el abrazo de hospitalidad.

El cubano no es de andar con remilgos ante una amenaza de huracán; no duda ante cuántos en el barrio se instalan en su casa durante varias horas, ni por compartir sus aseguramientos, porque aprehendimos cómo ser un buen ser humano.

Mientras el corazón de muchos estará en el lugar de origen, en sus pocas riquezas, y en el reencuentro, tras el paso del fenómeno atmosférico, surgirán en la espera las conversaciones propias del cubano, matizadas por su carisma, nuevas amistades, gestos inolvidables, y el apoyo emocional para interiorizar que el gran tesoro está en sus manos, y es la vida.

Cuando la noche de este lunes el tiempo agradable de Cuba se disipe entre la lluvia y el fuerte viento de Matthew, en cada hogar o centro de evacuación de la zona oriental del país, la más afectada por el fenómeno, los cubanos tendrán en su rostro dibujada la preocupación, y quizás pedirán a sus santos, se abrazarán a seres queridos y verán al sueño pasar ante sí sin mucho interés, porque saben que un huracán jamás es para confiarse.

(Por: Darletis Leyva González/ Tomado de tiempo21)

Anuncios