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La primera referencia sobre la existencia de aborígenes en la provincia de Holguín, a una distancia de cerca de 900 kilómetros de La Habana, la dio Cristóbal Colón en su diario en 1492, a poco de su llegada al Nuevo Mundo, al término de un viaje azaroso que lo condujo a lo llamado por algunos  descubrimiento, de manera eufemística.
El gran navegante desembarcó por Bariay, aproximadamente en la madrugada del 28 de octubre del citado año,  en la costa este de la Bahía de igual nombre, y allí encontró casas circulares de techos cónicos, de paja, presumiblemente de pescadores que huyeron de la inefable presencia de los precursores del colonialismo.

Este territorio tenía más de 200 kilómetros de costas a lo largo del litoral norte oriental, rico en flora y fauna, feraces tierras y abundantes ríos, acogió poblaciones araucanas provenientes de suramérica que viajaron por el arco de las Antillas y figuraba entre los más habitados de la época.

No obstante su relevancia histórica, por ser el primer punto de nuestra geografía tocado por las naves de El Almirante de la Mar Océana: la Niña, la Pinta y la Santa María, las estudios arqueológicos sobre el particular eran tan limitados antes de 1959, que ni siquiera había una tarja que identificara el lugar, actual municipio de Rafael Freyre.

Sin embargo, hubo profesionales que a título personal, como José García y Castañeda y otros, contribuyeron a la realización de excavaciones y descubrimientos, formaron colecciones y ayudaron a la fundación de museos y el estudio del patrimonio arqueológico, como me contó en una de nuestras conversaciones en la Biblioteca Provincial de Holguín, Alex Urquiola.

Por fortuna, las excavaciones arqueológicas realizadas por el Doctor José Manuel Guarch del Monte (1931-2001) y sus colaboradores —quienes con anterioridad habían descubierto la aldea y cementerio taínos de Chorro de Maíta— fueron las que pusieron al descubierto los restos de la aldea de pescadores que halló Colón en su viaje inicial.

Guarch del Monte, un amigo personal y tan apasionado a las investigaciones que dejó la capital y se radicó en Holguín con familia y todo, hablaba asiduamente sobre el proyecto de construir una réplica de la plaza sitiada entonces por los exploradores.

Hoy constituye una realidad muy cerca del museo levantado justo donde se encontraron las evidencias arqueológicas, la cual ofrece una muestra de la vida, costumbres y forma de subsistencia de aquellas comunidades.

De entonces a acá, nuevos hallazgos arqueológicos se han concretado como parte de una política dirigida a rescatar el patrimonio histórico y cultural, y potenciar su conocimiento, protección y manejo adecuado.

Otra importante construcción, en el extremo más alejado del parque y ya junto a las aguas del Atlántico, es el Monumento Conmemorativo del Medio Milenio del Encuentro entre las Dos Culturas.

El hecho no puede dejar de tenerse en cuenta por su extraordinario significado histórico, aunque haya estado matizado por la  barbarie conquistadora.

Obra de la artista plástica holguinera Caridad Ramos, el monumento representa las ruinas de una construcción neoclásica europea, junto a la réplica de objetos elaborados por los nativos y hallados en las excavaciones cercanas, todo ello en medio de una exuberante naturaleza bien cubana. (Por Lino Luben, AIN)

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