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Reza cierto proverbio finlandés: “el pobre puede morir, lo que no puede es enfermarse”. Tal irónica filosofía  sacudió mis neuronas durante los desfiles de los trabajadores en Europa, Asia y en algunas naciones de América Latina este primero de mayo.

Salieron a flote reivindicaciones por el trabajo, los derechos a la salud y la educación, por el salario mínimo y la reducción de los impuestos que, como el peso insoportable de los hierros pesados, algunos gobiernos depositan sobre los hombros de los desposeídos, acaso para desaparecerlos de la tierra. Tiene así alguna razón el precepto finés…

Al mirar hacia el interior de Cuba, y contrastar, uno no puede menos que sentirse orgulloso de haber nacido en esta tierra, con todo y el fardo de problemas -propios y ajenos- a los cuales se enfrenta el cubano en su cotidianidad.

Porque ese (o aquella) que desfiló con alegría y sin prejuicios por alguna de las plazas de la Isla, es también quien protesta por la calidad del pan, los problemas del transporte, el precio de algunos productos o por la indolencia de ciertos burócratas ante problemas sin resolver.

Por eso Cuba es única e irrepetible. Los dos millares de visitantes de 73 naciones que asistieron a la Plaza de la Revolución José Martí, algunos primerizos, quedaron impresionados por la vasta concurrencia al desfile del primer día de mayo.
Incluso, llamó su atención -y así lo expresaron a los medios de comunicación- la fusión generacional en defensa de las conquistas de la Revolución en este más de medio siglo de independencia y libertad.

Educación, salud, deportes y recreación para todos, trabajo, seguridad social, tranquilidad ciudadana… logros plenos que Cuba solo puede exhibir en América Latina y el Caribe, y a los cuales otras naciones de esta área geográfica (léase países integrantes del ALBA, la Celac, Unasur…) batallan, aunque por otros caminos, para reivindicar las aspiraciones de sus pueblos.

Las imágenes aportadas por Telesur ese Día Internacional de los Trabajadores, resultaron harto elocuentes de la situación que atraviesan decenas de millones de mujeres y hombres en el mundo, en particular, en naciones desarrolladas de Europa y Asia, jalonadas por una crisis cuyo derrotero es sumir a esos seres humanos en un abismo cada vez más profundo y sin salida inmediata.

Entonces, al mirar hacia adentro, con todo y los problemas que debemos encarar y resolver -no vivimos en una sociedad perfecta- como cubano me atrevo a arreglar el proverbio finlandés: “en Cuba los pobres podemos enfermarnos, para no morir”. (Por Marcos Alfonso/ AIN)

El pueblo camagüeyano durante el desfile por el Día Internacional de los Trabajadores, en la Plaza de la Revolución Ignacio Agramonte

Trabajadores y pueblo en general desfilan en apoyo al socialismo y en celebración al Día del Proletariado, en la plaza Máximo Gómez Báez de Ciego de Ávila

Desfile del pueblo cienfueguero por la celebración del Día Mundial de los Trabajadores

Habaneros celebran el Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, en la Plaza de la Revolución José Martí

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