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La construcción de viviendas es un tema que a menudo se debate en diversos espacios, sin embargo, a la edificación de hogares no se le presta tanto interés aún cuando personalmente, le confiero suma importancia.

La educación en Cuba es uno de los sectores priorizados, disímiles son los logros y transformaciones que lo evidencian a diario, no obstante, la formación de las nuevas generaciones no solo debe conferirse a la enseñanza que adquieran en los diferentes centros educacionales, sino que se debe buscar la vía más efectiva para que estas se desarrollen en un ambiente sano y a su vez les transmita confianza en sí mismos y en quienes le rodean.

La palabra hogar se emplea para designar un espacio en el cual  un individuo o grupo de personas reside, creando la sensación de seguridad y calma.

Generalmente una vivienda es habitada por una familia, por lo que para la construcción de un hogar esta se convierte en el eslabón fundamental.

La familia como célula esencial de la sociedad, constituye la referencia de vida de cada persona, de allí la importancia de mantener los vínculos afectivos y la formación de valores, elementos que  posibilitan superar los conflictos humanos en los diversos ámbitos que componen a ese grupo.

En su seno se producen procesos básicos: la expresión de sentimientos, adecuados o inadecuados, la personalidad del individuo y patrones de conducta; todo esto se aprende en la dinámica familiar y los que así aprendan enseñarán a su vez a sus hijos.

Desde las primeras civilizaciones, la humanidad se enfrentó  a una serie de cambios desarrollando en cada Formación Económica Social (FES) rasgos sociales  distintivos que caracterizaron a las disímiles épocas.

A esta gran misión que posee la familia como agente transformador, el Comandante en jefe Fidel Castro se refirió: “La creación y formación de valores en la conciencia de los niños y jóvenes desde edades tempranas es hoy más importante que nunca”, de ahí que para garantizar la educación en valores, se deben tener en cuenta factores esenciales como la ejemplaridad y la convicción de ser modelos a imitar.

La permanente formación de los individuos estimula la capacidad valorativa, siendo no sólo para valorar los procesos y fenómenos sociales sino también sus actuaciones propias y las de los que lo rodean, aprendiendo a discernir las buenas y las malas actitudes y a tener una posición frente a ellas y a perfilar su comportamiento en el ámbito social.

El futuro de la sociedad está en buena parte en los valores que seamos capaces de cultivar en los jóvenes, la posibilidad que estos tengan de participar en las transformaciones sociales con una profunda actitud crítica, creadora y científica tomando como base toda la experiencia aportada por las generaciones anteriores, lo cual es posible si se estimula de manera consciente los sentimientos patrióticos e internacionalistas, las tradiciones y el legado histórico, así como una profunda vocación humanista y solidaria no solo para enfrentar los retos del futuro sino también para  dar continuidad a los valores que durante siglos han prestigiado nuestra  identidad cultural y nacional.

Es un reto para todos, que más que una “casa” nos esforcemos por construir un “hogar”, así dotamos a la sociedad de mejores personas.

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