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Por Olga Pardo San Román/Radio Cadena Agramonte.

Hace más de un siglo, el Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí, afirmó: “Para los niños trabajamos, porque los niños son la esperanza del mundo…”. Esta frase, expresada desde la claridad del pensamiento martiano, resume en sí misma una importante faceta de la obra de la Revolución cubana.

Círculos infantiles (guarderías), parques de recreación, hospitales pediátricos, escuelas…, en el mayor archipiélago de Las Antillas todo está diseñado para trabajar en función de los más pequeños, proporcionándoles amor, cuidados, educación, atención médica y todo lo necesario para que crezcan y desarrollen al máximo sus potencialidades.

Un vivo ejemplo de ello son las masivas campañas de inmunización que, desde el 1ro. de enero de 1959, tienen lugar en la Isla para proteger a los infantes contra disímiles enfermedades.

Hace apenas unos días, en Camagüey comenzó la primera etapa de la quincuagésimo segunda Campaña Nacional de Vacunación Antipoliomielítica, correspondiente al presente año.

En un esfuerzo colosal el sistema de salud agramontino inmunizará a más de 36 mil niños, comprendidos entre los 30 días de nacidos, hasta dos años, 11 meses y 29 días, contra ese padecimiento, que en el mundo entero ataca a miles de pequeños, dejándoles terribles secuelas para toda la vida.

La poliomielitis es una enfermedad erradicada en Cuba desde hace más de cuatro décadas,  y -por lo cotidiano de estas realidades, tan bellas como ciertas-, quienes vivimos en la Isla encontramos lógico y natural el maravilloso cambio que significó, para todos, el triunfo de Revolución, hoy más fuerte que nunca.

Desde enero de 1959, aquí los infantes tienen prioridad en los servicios de urgencias médicas, disfrutan de alimentación balanceada en los círculos infantiles, y acceden a escuelas especiales los que presentan alguna discapacidad.

Y en todos los casos, la tranquilidad ciudadana y el cuidado a nivel de comunidad y macrosocial, hace que los niños cubanos puedan vivir tranquilos y disfrutar de una infancia sana y segura.

He aquí algunas de las razones por las cuales el Mayor Archipiélago de Las Antillas se ha convertido, para América Latina y el mundo, en un paradigma de la protección y el respeto a la infancia.

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