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Bandera cubana.Bandera cubana.Los adversarios ancestrales no hacen más que criticar cualquier detalle de la Revolución cubana: que hacen falta muchos partidos políticos, repiten hasta el cansancio; que quieren nuevos cambios para que la Isla se abra al mundo. Pero cuando el nuevo modelo social y económico expande el libre comercio no estatal, y contribuye a que los ciudadanos del país puedan viajar a cualquier parte del mundo, entonces también critican.

Uno de los blancos constantes de las arremetidas desde Miami y de las administraciones estadounidenses, sin excepción -desde el 1ro de enero de 1959 a la fecha-  es el sistema de Gobierno, la manera en que los cubanos eligen a sus representantes en las estructuras del Poder Popular, desde la circunscripciones de base, de barrios urbanos y comunidades rurales, hasta el Parlamento, cuya VIII Legislatura quedó constituida ayer domingo.

Es verdad que el sistema político cubano es único, pero no por ello deja de ser democrático, libre, independiente de las bochornosas campañas políticas presidenciales como las de EE.UU., prometedoras y de falsos cumplimientos al estilo Barack Obama.

El Partido Comunista de Cuba (PCC) no participa en las elecciones; ¿sus miembros? sí, como parte de todo el pueblo proponen, eligen y pueden ser elegidos hasta los uniformados de las instituciones armadas.

No hay que ser millonario para ser nominado y elegido delegado de circunscripción (concejal), integrante de las asambleas municipales y provinciales, ni para ocupar escaños en el máximo órgano de Gobierno, la Asamblea Nacional, compuesta por 612 parlamentarios de base y personalidades de todos los sectores sociales y económicos del país, sin exclusión de credos, géneros ni color de la piel.

La mujer, cero a la izquierda en gran parte del universo social mundial, en esta pequeña Isla ocupa un lugar bien ganado en el Parlamento, con casi la mitad de sus integrantes; y de los 15 gobiernos provinciales recién electos, en 10 de ellos las féminas encabezan esa gestión del Poder Popular.

Al constituirse la víspera en Cuba el órgano supremo del  poder del Estado -cuyos integrantes eligieron también al presidente y vicepresidente del Parlamento, y a los 31 diputados que conforman el Consejo de Estado-, estuvieron sentados en el Palacio de Convenciones 44 representantes de los camagüeyanos -21 mujeres-, de las diferentes esferas de la vida económica y social, procedentes de hasta el punto más recóndito de esta vasta geografía.

Desde luego, la decisión de nuestros diputados no importará a los enemigos de Cuba;  la jauría ladrará su impotente odio, y no precisamente a la luna reflejada en el mar. (Por Rolando Sarmiento Ricart / Colaborador de Radio Cadena Agramonte.)

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