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El bloqueo, insólita variable para la ciencia cubana.Otro clic… y luego de 15 minutos de espera, en la pantalla de la computadora aparece el aviso al usuario en respetuoso inglés, el cual informa que su país no tiene acceso al servicio solicitado de acuerdo con las leyes del Departamento de Estado de EE.UU.

Algo frustrado, Anisley Santiesteban, investigador de la Universidad Vladimir Ilich Lenin, de Las Tunas, cierra el programa de navegación en la web. No es la primera vez que un segmento de la investigación debe ser abandonado o abordado de manera superficial por la imposibilidad de acceder a bases de datos.

Constantemente -dice- aparecen prohibiciones para descargar libros, aplicaciones, documentos actuales. Por ejemplo, no podemos acceder a bases de datos como las del Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE), aún cuando exista la posibilidad de pagar por este servicio.

El colega suyo del Centro de Estudios sobre Eficiencia Energética y Procesos Tecnológicos, Daniel Rodríguez, sostiene que “el bloqueo persigue abiertamente impedir el desarrollo científico de Cuba.

“Además de los sitios vedados -explica- está el encarecimiento desmedido de los reactivos e instrumentos de laboratorio, porque deben comprarse mediante terceros países o en mercados muy distantes”.

El joven investigador cita la retirada de una empresa europea interesada en desarrollar el proyecto sobre energías renovables debido a su alto costo. Semejante situación aconteció cuando fue necesario cambiar el programa para la introducción de biodigestores de gas de prolipropileno. Al final, se recurrió a otra tecnología la cual tenía como base el uso del hormigón, con mayores gastos y atrasos.

Pablo Peña, decano de la Facultad de Ciencias Técnicas de la Universidad de Las Tunas, asevera que el bloqueo “repercute incluso en el proceso docente -no existe un aula para la enseñanza de la asignatura Ergonomía-, sin embargo, la casa de altos estudios ha establecido convenios con empresas del territorio para crear unidades docentes en los talleres y fábricas.

“La solución a este problema -asegura- nos permitió encontrar una metodología para acercar más la academia a las problemáticas de la producción y vincularla a la práctica”.

Más allá de las fronteras de la Vladimir Ilich Lenin, también han extendido sus aulas los alumnos y profesores de la Facultad de Ciencias Agrícolas.

Convenios de colaboración internacional han brindado el financiamiento para el desarrollo de proyectos investigativos para que los campesinos logren incorporar técnicas sostenibles, adaptarse al cambio climático y preservar la soberanía alimentaria.

La doctora en ciencias Raquel Ruz, coordinadora del programa, asegura que el impacto de este pudiera ser más extensivo si no fuera por el bloqueo.

La investigadora explica cómo el problema de las marcas de los equipos, “que no pueden ser siquiera de sucursales de empresas norteamericanas, las piezas de repuesto y por supuesto el dinero para comprar 10 sistemas de riego, por ejemplo, solo alcanza para adquirir dos o tres en otros mercados.

“Hay tecnologías, instrumentos, metodologías que conocemos apenas, aún cuando, como he podido comprobar, las experiencias de los productores de la Isla resultan interesantes para profesionales estadounidenses”.

Los investigadores cubanos generalmente deben incorporar una variable insólita a sus problemas científicos: el bloqueo.

Este cerco comercial, económico y financiero impuesto por Estados Unidos a la Isla desde los primeros años de la Revolución obstaculiza proyectos teórico-prácticos de universidades y centros de estudio, pero al propio tiempo incentiva el ingenio y talento del pueblo cubano, empeñado en mantener sus logros, independencia y soberanía. (Por José Armando Fernández Salazar, AIN)

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