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Martha Beatriz Roque.Un nuevo show mediático ha desencadenado la contrarrevolución interna. La protagonista vuelve a ser Martha Beatriz Roque, reconocida contrarrevolucionaria y “amiga intachable” de la comunidad internacional anticubana, otra vez en supuesta huelga de hambre en reclamo del respeto a la democracia y los derechos humanos.

Ella y otras 12 personas simularon una ayuna que no pasó de ser otra malograda función de circo, esta vez, incluso, muy mal actuada. Aunque, ciertamente, las escenas sí inspiraban pena, no por su disfrazado estado de salud, si no porque duele ver hasta dónde es capaz de degradarse un ser humano por dinero.

A la Roque la vio medio mundo pálida, macilenta, demacrada… muy cerca de la muerte; y sin embargo no había motivos para ello. Martha Beatriz estuvo alimentándose todo el tiempo. Ahí están las evidencias de cómo pagaba a uno de sus vecinos para que por una ventana del costado de la casa le pasara comida que no necesitase de mucha cocción, o botara bien lejos los nylon de envoltura de carne que tiraba a escondidas para el pasillo.

Pero aún más lamentable vuelve a ser el proceder de la gran prensa al respecto. Las imágenes y comentarios a favor de los huelguistas llegaron incluso más allá de las fronteras estadounidenses. Y, por supuesto, no faltaron los comentarios fuera de tono sobre el Gobierno cubano, a la larga -según esos comunicadores- “el único responsable de la crítica situación de los ayunantes”.

Ciertamente, los medios de comunicación son instituciones mediadoras de realidad pero también constituyen agentes mediados; por eso, detrás de todo lo que hacen prevalecen intereses que van desde las concepciones individuales de los hacedores de noticias hasta móviles políticos, económicos e ideológicos.

Apenas unas horas de iniciado el show del grupo de anexionistas, ya la falsa huelga era titular en el Nuevo Herald, Televisión Martí, Univisión, Telemundo, y otros tantos medios que ganan dinero a costa de la mentira y la parcialidad, y sin el más mínimo recelo por incurrir en inmoralidades.

El Código Internacional de Ética Periodística, aprobado por la UNESCO en 1983, plantea que el ejercicio de la libertad de prensa e información “…estará tanto mejor salvaguardado si, con un esfuerzo serio de voluntad, el personal de prensa y de la información, cualquiera que sea el modo de expresión del que se sirva, no deja nunca que se debilite el sentimiento de la propia responsabilidad y se percata, cada vez más profundamente, de la obligación moral que le incumbe de ser sincero y de aspirar a la verdad en la exposición, la explicación y la interpretación de los hechos”.

Pero, como bien dijo alguna vez el psicólogo estadounidense Melvin de Fleur, “los códigos de ética periodística convocan a ser objetivos, justos, profundos y factuales (reales, que pueden probarse), pero ese es un juego perdido incluso antes de que los competidores empiecen a jugar”.

Desafortunadamente, en el mundo algunos le van cogiendo el gusto a ese sucio juego, en el que la espectacularización de la política es el móvil principal. La explosión del acorazado Maine, la guerra del Golfo, el derrumbe de las Torres Gemelas, o la tergiversación del caso de los cinco cubanos antiterroristas presos en cárceles norteamericanas, dan fe de ello. (Por Arailaisy Rosabal García/ Colaboradora de Radio Cadena Agramonte)

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