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A pesar de haber transcurrido 20 años, todavía se mantiene fresca en la memoria de muchos aquella mañana de duelo, indignación y repudio, en la que la Plaza de la Revolución se llenó de pueblo, para rendir tributo a los combatientes caídos el 9 de enero de 1992, en el crimen de Tarará.

En la madrugada del 9 de enero de 1992, siete sujetos en su intento de robar una lancha de la Base Náutica de Tarará al este del litoral habanero, para huir a Estados Unidos alentados por la “protección” de la Ley de Ajuste Cubano, asesinan a los combatientes del Ministerio del Interior Rafael Guevara Borges, Orosmán Dueñas Valero y Yuri Gómez Reinoso, a los cuales atacaron a traición para luego maniatarlos y acribillarlos a balazos.

El policía Rolando Pérez Quintosa, también víctima del asalto, sufrió durante 40 días hemorragias e infecciones causadas por las graves perforaciones recibidas en su tórax y abdomen. Se habría salvado de no resultar imprescindible un medicamento solo producido en Estados Unidos.

Ateniéndose al bloqueo económico y comercial impuesto a Cuba desde 1960, el Gobierno norteamericano se negó a la venta del medicamento para salvar la vida del joven cubano. Cuando manos amigas hicieron llegar el producto a la Isla, ya era tarde. Rolando Pérez Quintosa, el único sobreviviente de la masacre de Tarará, fallecía el 17 de febrero de 1992, joven que sufrió las consecuencias de la incitadora Ley de Ajuste Cubano y luego del bloqueo es Estados Unidos a Cuba.

Una vez más, el nuestro pueblo se sumó al dolor causado a personas inocentes por las patrañas del Gobierno de Estados Unidos en su afán de destruir y debilitar a los cubanos.

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